Miércoles, 12 Marzo 2014 15:29

Daniel Scioli, el candidato kirchnerista

POR JORGE EDUARDO SIMONETTI

Miércoles 12 de Marzo de 2014

Desechada la posibilidad de un tercer mandato, con un gobierno en declinación, Cristina no tiene un candidato presidencial  con posibilidades ciertas y tampoco tiempo ni margen político para fabricarlo. La percepción que la gente tiene de Daniel Scioli como gobernante, es buena, se lo conceptúa como un buen administrador, serio, racional y sobre todo probado en la trinchera y en difíciles circunstancias.

ELECCIONES 2015

Para que exista alguna posibilidad de continuidad kirchnerista, el kirchnerismo muy probablemente tendrá que recurrir al político kirchnerista menos kirchnerista entre los kirchneristas, aunque ello no sea del agrado del kirchnerismo de paladar negro. Nos estamos refiriendo a Daniel Scioli.

Cuando en 2011, en un gesto de petulancia típico de la inquilina actual del sillón de Rivadavia, imponía a Gabriel Mariotto como compañero de fórmula para la Provincia de Buenos Aires, para que oficiara de molesto obstáculo a la gestión y a las pretensiones políticas del ex motonauta, lejos estaba de imaginar que éste representaría a futuro, muertas sus pretensiones de re reelección, tal vez la tabla salvadora que flotaría en el  inmenso mar de incertidumbres en el que navegaría luego del 10 de diciembre de 2015.

Acostumbrado a lidiar desde muy joven con el líquido elemento, Scioli es un avezado navegante en todas las aguas, y tiene una aptitud innata para mantenerse a flote. Avanza aún con calma chicha, mantiene el timón de la nave también en tiempos tormentosos y ningún viento de frente es capaz de alterar la serenidad con que maneja las situaciones, aunque en el transcurso deba ir tragando más sapos que peces.

Luego de una exitosa carrera deportiva y empresarial, de la mano de Carlos Menem ingresó a la política, obteniendo una banca de diputado nacional en 1997. A partir de allí, su buena estrella lo siguió acompañando en la política.- Reelecto en 2001, ocupó luego la Secretaría de Deportes de la Nación en época duhaldista, fue luego Vicepresidente de la Nación en el mandato de Néstor Kirchner, para recalar en la Gobernación de Buenos Aires en 2007 y reelecto en 2011.

Cierto es que su andar no fue casi nunca exento de acechanzas. Arribados los santacruceños al poder, Scioli siempre fue visto por los kirchneristas como sapo de otro pozo. Manso y componedor, sus formas no coincidían con el estilo prepotente y avasallador de la nueva administración. A poco de andar, se vio que su pensamiento tampoco.

Ya en la vicepresidencia, sus primeras opiniones políticas autónomas no agradaron a Néstor, que le impuso un primer castigo al vaciar  la Secretaría de Deportes de los amigos que habían quedado de su época de titular. Tras cartón, se aguantó sin pestañear la humillación pública de una Cristina senadora, que no dudó en acusarlo públicamente de montar operativos mediáticos perjudiciales para el gobierno.

Volvió a poner la otra mejilla cuando “Lupín”, en un arranque propio de su estilo, le exigió en 2010 que diera nombres identificando a “quienes le atan las manos” en materia de política de seguridad como Gobernador de la Provincia de Buenos Aires. Los ataques políticos e institucionales de su vice, Gabriel Mariotto, los recortes en las ayudas presupuestarias nacionales, los continuos desplantes presidenciales y de otros funcionarios, no hicieran mella sin embargo en su casi imperturbable comportamiento, a pesar de algunos tibios amagues de rebeldía. Es que, hacerlo demostrar enojo es muy difícil, provocar una actitud de rompimiento de la relación política, casi imposible.

Con ese estilo, el múltiple campeón mundial de motonáutica fue marcando un derrotero que no tuvo desvíos, provocando desconcierto y bronca en sus enemigos, ante su imperturbabilidad y su discurso conciliador y monocorde. Es que, advirtieron, tenían adelante a un adversario dispuesto realizar  los mayores sacrificios, soportar las humillaciones más dolorosas, convertir su rostro en una máscara sin emociones, aguantar y aguantar, con tal de avanzar en el cumplimiento de sus objetivos políticos. Y ese modo, descoloca a cualquiera que quiera derrumbarlo con las armas tradicionales.

Tal parece con vestidura de amianto, supo trasponer todos los incendios que provocó la administración kirchnerista, y la buena imagen lo acompaña hasta hoy, el público nunca lo abandonó. ¿Buena estrategia, suerte, confiabilidad, discurso componedor, o qué?

Con el 2015 a ojos vista, el kirchnerismo se juega una partida brava, no tanto por lo que tenga que ver con la continuidad política, sí por aquello que terminará dilucidándose en el ámbito judicial.

Desechada la posibilidad de un tercer mandato, con  un gobierno en declinación, Cristina no tiene un candidato presidencial de cuño propio con posibilidades ciertas, tampoco tiene tiempo ni margen político para fabricarlo. No obstante la encuesta de Perfil del último domingo, tengo para mí que Uribarri, Capitanich y Randazzo, no califican para llegar con posibilidades a la candidatura oficialista en 2015.

Por ello digo que, el kirchnerista menos kirchnerista,  Daniel Scioli, es el único que puede llevar la representación del kirchnerismo en el 2015 en condiciones de disputar palmo a palmo la Presidencia.

De acuerdo a las últimas mediciones, su buen concepto ante el electorado se mantiene en buen nivel, un poquito por debajo de Massa, pero con un segundo lugar consolidado y sin perspectivas de baja. Este dato es fundamental a la hora de la evaluación.

La segunda cuestión a considerar es que, si resulta candidato del oficialismo ungido por Cristina, además de los votos propios del kirchnerismo, es el único con posibilidades de captar adhesiones ajenas, y esto es muy importante especialmente en un escenario de eventual segunda vuelta. Con un piso de votos todavía importante pero totalmente insuficiente para coronar, el kirchnerismo no sumará un sufragio más si el candidato es totalmente “del palo”.

La elección de un presidente tiene para la gente condimentos distintos a otro tipo de elecciones, se vota con mayor cuidado, con cabeza más fría, sabiendo que se está jugando su propio destino. La percepción que la gente tiene de él como gobernante, es buena, se lo conceptúa como un buen administrador, serio, racional y sobre todo probado en la trinchera y en difíciles circunstancias. Este dato es clave al momento de la verdad.

Entre las razones que se mantendrán “in pectore” para ungirlo candidato, el kirchnerismo tendrá en Scioli a un presidente que, sin estar comprometido con las desventuras judiciales del oficialismo, difícilmente vaya a mover un dedo para promover la profundización de las investigaciones para los que abandonan el poder. Muy importante, para varios.

Por último, luego de tanto enfrentamiento, actitudes destempladas, discursos apocalípticos, autocracia pronunciada, el “corsi et ricorsi” de la historia y del ánimo ciudadano, marca el momento de la serenidad, de la razonabilidad, de la palabra que reemplace al grito, de gobernar afrontando y no confrontando, y en el rubro, Scioli califica.

Por todo ello, parece ser el candidato cantado del oficialismo, aún cuando cierta falta de sintonía con Cristina lo seguirá beneficiando hasta el momento de la unción.

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