Jueves, 01 Febrero 2018 08:20

Mburucuyá, con historia de chamamé

POR JUAN ZENÓN ROSALES

Jueves, 1 de febrero de 2018

El Festival del Chamamé de Mburucuyá nació un 22 de noviembre de 1945 en la pista “La Querencia”. Una semana antes, el propietario y bandoneonista, Don Eustaquio Miño y "Tito" Miqueri convocaron los músicos de zonas aledañas para celebrar juntos el día de Santa Cecilia (Patrona de la Música) y compartir comidas típicas, la música de Corrientes y disfrutar de su baile. “La invitación se hizo a caballo, los caminos eran muy feos. Vinieron de muchos lugares, recuerdo amigos de Caa Catí, de Manantiales, de Concepción”, evocó en entrevistas Salvador Miqueri.

Así empezó todo, como una fiesta de amigos unidos por el chamamé. Todavía se recuerda a los primeros grupos y orquestas (como se decía en aquella época) con rasgueo de guitara, el contrabajo con su prominente tamaño, el bandoneón, el violín y acordeón llenos de vida completaban la escena arriba del modesto escenario.

La fiesta en “La Querencia” se extendió por varios años y poco a poco el lugar quedó chico por el incremento de público que se “enchamigaba” en cada convocatoria. Una decisión de los patriarcas del chamamé mburucuyano llevo al evento cultural a lugares más amplios durante los años 50’. Se alternaba entre espacios privados y públicos como la casa de “Tito” Vera, Hospedaje de los Aromí o la Plaza 25 de Mayo. “Para muchos era necesario hacerlo en las casas que tengan heladeras, no había muchas en nuestro pueblo”, dijo Salvador Miquerí.

En 1960, la fiesta del chamamé comienza a tomar forma como la conocemos actualmente. El festival se realizó en lugares como la ex Escuela de Comercio, el Atlético Mburucuyá, el Club Obrero (hoy Club San Martín), entre tantas instituciones. Se gestó el sello indeleble, de una música auténtica y tradicional.

En 1968, por Decreto N° 3.454 el gobernador Navaja Artaza declara a Mburucuyá Sede Permanente del Chamamé, y su fiesta adquiere el rango de provincial. Para ese tiempo y por iniciativa de un grupo de vecinos se construye a pulmón el escenario Eustaquio Miño. Su hijo "Papi", Leyes, Rosales, García, Azano, Miqueri, Cardozo, Vallejos, Jalfon figuran entre los nombres que aportaron entre fuerza de trabajo, tiempo y capital la creación del predio.

El Anfiteatro Eustaquio Miño se construyó en 1973 a la vera de la Laguna Limpia y durante más de tres décadas se consolidó como el bastión que resguardó a los músicos chamameceros de Corrientes. Fue declarado patrimonio histórico por iniciativa del Parque Nacional Mburucuyá y la Municipalidad de Mburucuyá.

“Para algunos éramos un grupo de loquitos, pero teníamos con Regino (García), Papí Miño, Hernán Vallejos, Juan Manuel Cardozo, Pedro (Azano) y Chicho (Jalfón) la idea de contar con un espacio propio. Nos habíamos puesto en la cabeza que nuestro festival era lo único importante. Papi, junto al Ingeniero Uset, hizo la maqueta de lo que iba a ser el anfiteatro y con Regino empezamos a levantar el escenario. Éramos pocos pero firmes en nuestra iniciativa”, contó Juan Rosales.

La Fiesta Provincial del Chamamé siguió creciendo, año a año aumentó el público durante la década del 80 y los 90. Se sumaron certámenes competitivos como el Pre Mburucuyá y Pre Festival, eventos que tienen el objetivo de consagrar nuevos artistas. Fueron años muy complicados porque empezaron a ingresar instrumentos de percusión y vientos la música de Corrientes, sin embargo Mburucuyá se mantuvo en la línea de la tradición y lo auténtico. “Somos chamamé y siempre digo que nuestra fiesta perdura en el tiempo porque la gente de Mburucuyá la creo y preservó respetando la identidad musical, acá no vas encontrar otra cosa que no sea guitarra, acordeón, bajo y bandoneón”, dejó en claro en entrevistas Eustaquio “Papi” Miño. Sus palabras son certeras y muestran la esencia del sentir musiquero de un pueblo.

En 2006, se le otorga a Mburucuyá la Sede del Festival Nacional del Chamamé Autentico y Tradicional. Además se construye un nuevo escenario, “Tito” Miqueri, que acompañan a nuevas tribunas fijas dejando atrás los tablones. El imponente espacio que cuenta con camarines y oficinas que brindan confort a más de treinta artistas chamameceros que actúan anualmente.

El sello cultural de Mburucuyá hoy es inobjetable, en 2012 la gran masiva convocatoria llevo a la Comisión Organizadora construir e inaugurar una enorme tribuna con capacidad para 1200 personas. En su interior se emplazó las boleterías y salón de reuniones, además se continúa trabajando con la remodelación y ampliación de sanitarios.

Muchas cambiaron desde aquel 22 de noviembre de 1945 en “La Querencia”. Desde ese evento reducido para chamamecear y compartir la devoción a Santa Cecilia a una fiesta con más de 25 mil personas por año. Actualmente es una industria cultural que se realiza en la primera semana de febrero, sin embargo preserva la esencia musical de nuestra provincia.

Ya no es Jorge Valdez el presentador (30 ediciones consecutivas), ya no está Salvador, ni Tito, ni Eustaquio. Otros tantos músicos y organizadores que tuvieron bien en claro el camino estarán celebrando arriba entre sapucaí, baile y canto. Pero como lo dijo una vez don Juan Manuel Cardozo “somos la muestra incuestionable de que con esfuerzo, dedicación y amor se logran las cosas, a veces no importa el nombre…sino lo que dejás”.

Felices 50 años FESTIVAL DEL CHAMAMÉ.

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